Un trabajo ordinario…pero Santo

junio 26, 2018
Un trabajo ordinario…pero Santo

Desde lo ordinario y común puedes lograr el compromiso de seguir a Cristo

San Josemaría Escrivá de Balaguer es un hombre que desde muy joven sintió el llamado de Dios.

Su familia

Josemaría Esrivá nació el 9 de enero de 1902, hijo  de José Escrivá y María Dolores Albás, quienes conformaron una familia fundamentada en la fe y las virtudes cristianas: el amor a la Confesión y a la Comunión frecuente, la oración y la devoción a la Virgen Santísima.

Su vida, en los primero años transcurre como la de cualquier niño, feliz, alegre colmado de cariño y libertad para expresarse. Sin embargo, a una temprana edad mueren sus tres hermanas más pequeñas y su familia cae en una ruina económica.

El surgimiento de la inquietud

Viviendo en Logroño, en el invierno entre 1917-1918, Josemaría ve en el suelo las huellas heladas de unos pies sobre la nieve, eran las pisadas de un religioso carmelita que caminaba descalzo a lo que se pregunta: Si otros hacen tantos sacrificios por Dios y por el prójmo, ¿no voy a ser yo capaz de ofrecer algo?

Comencé a barruntar el Amor, a darme cuenta de que el corazón me pedía algo grande y que fuese amor. Josemaría Escrivá

Orden Sacerdotal

Después de terminado el Bachillerato inicia sus estudios eclesíaticos donde su don de gente, su alegría, su inteligencia, su sencillez y serenidad hacen que sea muy querido entre sus compañeros. Lo nombran Inspector de Seminario y durante ese período acude diariamente a la Basílica del Pilar, para pedir a la Virgen que Dios le muestre qué quiere de él.

Su rezo insesante

“¡Señor, que vea! ¡Señor, que sea!”. Y también repetía, (…) lleno de confianza hacia mi Madre del Cielo: Domina, ut sit!, Domina, ut videam! La Santísima Virgen siempre me ha ayudado a descubrir los deseos de su Hijo.

Opus  Dei

El 2 de octubre de 1928 Nace el Opus Dei.
Josemaría está realizando unos días de retiro espiritual, y mientras medita los apuntes de las mociones interiores recibidas de Dios en los últimos años, de repente ve —es el término con que describirá siempre la experiencia fundacional— la misión que el Señor quiere confiarle: abrir en la Iglesia un nuevo camino vocacional, dirigido a difundir la búsqueda de la santidad y la realización del apostolado mediante la santificación del trabajo ordinario en medio del mundo sin cambiar de estado.
Su entrega en cuerpo y alma al cumplimiento de su misión en la que promueve entre hombres y mujeres de todos los ámbitos de la sociedad un compromiso personal de seguimiento de Cristo, de amor al prójimo, de búsqueda de la santidad en la vida cotidiana.